¿Qué se planta en estas fechas?
¡Ey! ¿Qué tal? ¿Cómo se presenta este fin de semana? Esta semana he terminado de apañar el huerto y me he enterado de qué puedo plantar. La verdad, cada vez que hablo con algún vecino o voy al vivero a bichear un poco me miran con un poco de extrañeza.
Archivo de Revista enLago
Artículo del archivo de la revista, publicado en la fecha indicada.
4 de noviembre de 2021

¡Ey! ¿Qué tal? ¿Cómo se presenta este fin de semana? Espero que bien.
Esta semana he terminado de apañar el huerto y me he enterado de qué puedo plantar.
La verdad, cada vez que hablo con algún vecino o voy al vivero a bichear un poco me miran con un poco de extrañeza. “Mis hijos se han ido del pueblo porque no hay futuro y este urbanita de repente aparece por aquí sin callos en las manos”.
Es comprensible.
Pero poco a poco me voy haciendo al lugar y la gente, que es muy buena y me ayuda en todo lo que necesito.
Pero, bueno, no nos liemos.
Te cuento lo que he hecho.
Arreglando el huerto
Lo primero que hice fue apañar un poquito la zona del huerto.
La semana pasada ya quité las hierbas y las zarzas de toda la finca, así que esta parta ya estaba lista. Pero me faltaba hacer varias cosas.
Lo primero fue vallar la zona de huerto, porque, si no, como Kompo se meta en él me lo destroza, que es muy bruto.
Lo que hice fue poner unas cuantas varas de acero clavadas en el suelo y una valla de alambre hasta la cintura de alto, más o menos. Eso es suficiente para que Kompo no salte, que es para lo único que quiero la valla.
Ni siquiera le he puesto puerta porque yo la puedo saltar sin dificultad. Quizá a futuro lo apañe para que quede más bonito. Pero, por el momento, así me vale.
Lo siguiente que hice fue labrar un poco la zona, porque, aunque la tierra es buena, llevaba años son labrarse. Como es un cachito pequeño no he tenido que comprar ningún motocultor ni nada parecido. Me he puse con la azada y en una tarde lo tenía listo.
Y, por último, encargué dos depósitos grandes de 1000 litros. Los he colocado al lado del huerto y, como éste queda un poco más bajo que la casa, he podido poner unas cañerías de PVC para que el agua de la lluvia llegue hasta ellos.
La verdad, me he sentido un tremendo ingeniero montándolo. Y más aún viendo cómo se llenan cada vez que llueve.
Total, que me ha quedado un huertecito bastante curioso, la verdad.
Eligiendo qué plantar
Y nada, a mediados de esta semana ya tenía listo el huertecito. Ahora, la pregunta del millón: ¿Y qué planto?
¡No tenía ni idea!
Por suerte, como decía, en el vivero me tratan con cariño y me explicaron lo que podía plantar por estas fechas en Asturias.
Básicamente, podía sembrar ajos, espinacas y fabes de mayo (también arbeyos, pero no me gustan). También podía plantar brócoli, cebolletas y escarolas.
No hay mucho donde elegir, así que me llevé de todo. Total, aunque el huerto sea pequeñito, para esto hay sitio.
Me resultó un poco ofensivo cuánto me insistieron en si había comprendido bien cómo plantar cada cosa. Parece que no tienen mucha fe en mí. Con razón, probablemente.
Supongo que esperan que se me muera todo en dos semanas. Espero poder demostrar que se equivocan (demostrárselo a ellos y demostrármelo a mí mismo).
¡Manos a la obra!
Cuando llegué a casa organicé un poco los surcos para que regar fuera fácil (aunque en estas fechas no va a hacer falta, pero, bueno, así ya me acostumbro a que esté bien montado) y empecé a plantar.
Aunque me explicaron cómo plantar cada cosa en el vivero, me puse a mirar algunos vídeos de YouTube para asegurarme de que lo hacía bien.
¿La verdad? No sé si lo hice bien.
Yo diría que sí.
Las plantitas en la parte alta del surco, pero cerca de por donde pasa el agua. Prácticamente no había misterio.
La única excepción fue las fabes de mayo, que sí tenían un poco más de trabajo porque tuve que poner unas varillas de 8 mm para guiarlas. Pero tampoco ahí hubo mucho misterio:
Colocar las varillas, juntarlas haciendo una especie de pirámide y amarrarlas en lo alto con unas bridas. Y luego, atar las fabes a las guías. Ahora sólo queda esperar. Y rezar, claro.
Y, por el momento, esto es todo.
La verdad es que, ahora, cuando me asomo a la ventana de casa y veo el huerto así arregladito y funcionando, me siento a gusto. Me gusta mirarlo. Supongo que eso cambiará con el paso de los días, pero, ahora mismo, soy 100% el urbanita atontao con el día a día en el campo.
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